Columna de Soledad Teixidó, presidenta ejecutiva de Fundación PROhumana
Si Chile es modelo para la región y el mundo en crecimiento económico y consolidación democrática, ¿por qué no aprovechar esa atención para ser líder también en desarrollo sostenible?

La influencia de Chile en los acuerdos climáticos globales es baja por no decir nula. Es cierto, el país no puede cambiar la dirección del viento porque las decisiones dependen hoy de las grandes naciones, pero sí puede ajustar sus velas prestando atención a la tendencia económica-ambiental para navegar sin problemas hacia el destino que depara la nueva economía mundial, que más temprano que tarde será una economía pro ambiente.
Esta tendencia se plasmó en 2006 con el Informe Stern, documento solicitado por el Reino Unido al economista Nicholas Stern, quien planteó que el mundo no tiene que elegir entre evitar el cambio climático o promover el crecimiento y el desarrollo. Al contrario. La estrategia correcta sería hacer frente al cambio climático a favor del crecimiento de los países −ricos y pobres−, ya que de lo contrario el mundo correría el riesgo de un quiebre de la actividad económica y social del nivel de las guerras mundiales y de la Gran Depresión.